¿Te está costando decir lo que te molesta?

 

Dime querida, ¿Cuántas veces has callado algo que te ha hecho sentir verdaderamente mal? ¿Cuántas veces has esperado que el otro se dé cuenta de "su error" sin que tengas que decir nada?  Ya sea en casa o en el trabajo,  nos cuesta decir aquello que nos molesta y trasmitir al otro con claridad nuestra postura sin temer a las consecuencias. Terminamos callando o aceptando cuando en realidad queremos decir NO.​

 

¿Te has preguntado por qué a las mujeres nos es tan difícil?

 

Porque estamos hablando de “enojo” y el enojo tiene “mala fama”.Creemos que puede lastimar al que lo recibe y nosotras dejamos de ser amorosas para ser las  malas de la película. Y antes que villanas elegimos el silencio.

 

Porque es una creencia popular que las mujeres educadas no se enojan, que las niñas buenas no confrontan y que si te enojas no te van a querer más…Está en nuestra cultura, es lo que aprendimos de nuestros mayores y de las mujeres que nos rodeaban y está guardado en nuestra memoria celular. Como consecuencia: enojarnos, para las mujeres, es sumamente estresante.

 

Es más fácil darnos cuenta que nos sentimos dolidas, antes que admitir que estamos realmente enojadas. Pero ¡¡¡cuánto estrés, sufrimiento y lágrimas nos ahorraríamos si nos permitiésemos reconocer nuestro disgusto y pudiéramos expresarlo con claridad!!!

 

¿Actuaríamos igual si supiésemos que  el enojo en lugar de transformarnos en brujas  nos ayuda a proteger algo valioso para nosotras?

 

¿Cómo es esto?

 Veamos qué sucede en el mundo animal. Cuando los animales se  enfurecen por algo (con garras y dientes), es porque hay  alguna situación potencialmente peligrosa, porque han sido molestados y desean  decir “basta”, “estás jugando con fuego” o –dicho de una forma más compleja- “si seguimos así, alguien puede salir lastimado”. Si el otro animal  logra comprender esta reacción, quiere decir que el límite ha sido respetado y ambos volverán a su calma anterior, pero de lo contrario el daño puede ser irreparable.

 

Entonces, cómo sería nuestra vida si redefinimos en nuestro diccionario interno al enojo como una herramienta básica de protección de nuestras necesidades.

 

​En mi trabajo con exitosas profesionales de distintas partes del mundo, he comprobado que el enojo sigue cumpliendo el mismo –e importantísimo- rol como límite, sólo que su “manifestación” resulta bastante más compleja.

Esto se debe a que frecuentemente desconocemos aquello que se esconde detrás de nuestro enojo y es allí donde se encierra el secreto del enojo saludable para nosotros y para nuestras relaciones.

 

Cuando tenemos las herramientas para sumergirnos en las profundidades de nuestro enojo, podemos trasmitir de una forma “CLARA Y PRECISA” el límite deseado, sin culpar, sin abusar, sin atacar; es decir, sin dañar a nadie y, lo que es aún mejor, en lugar de  sentirnos la mala de la película sentirnos  generadoras de armonía y respeto en nuestras relaciones.


Si deseas aprender a hacer del enojo tu aliado para poner límites sin estrés y fomentar la comprensión y el respeto en tus relaciones te invito a que me consultes por los próximos Seminarios de Sanación y Educación Emocional (aqui) o que apliques para realizar un programa a tu medida (aqui)

 

 

Cristina Suárez

"Mi pasión es enseñar a mujeres profesionales

a sentirse exitosas con menos estrés y más disfrute."

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